martes, 31 de mayo de 2016

Diciembre

Diciembre…

Desperté, sin vida, sin aliento, sin recuerdos… sabía que había recorrido un viaje al centro del infierno… sin memoria, me vestí y con asco aguanté el terrible olor a podredumbre y suciedad de ese cuartucho y de tu cuerpo — ¿o era yo quien emanaba tal fragancia, o los dos, o los restos de eso que matamos que aún yacía sobre la cama y salpicaba los muebles y el techo?—. sorprendida y mareada vi el río de fluidos que salían de mis oídos y de mi alma; exasperadamente apática tallé mis venas, pero el río empezaba a transformarse en una sustancia viscosa que raía mis entrañas… tú sonreías… parecías estar acostumbrado, y hasta contento; yo ni siquiera sabía quién eras… asentía tratando desesperadamente de saber cómo llamarte —o de recordar cómo llamarte— mientras tú vomitabas algo sobre mi forma de ser, mi espíritu gris, mis crisis de carácter, de personalidad y posabas tus ásperas manos en los restos de mi cadera, me conminabas a irnos… aun así el metal de tu boca me recorrió por milésima vez, no podía entender por qué estabas feliz, tampoco entendía por qué estaba yo ahí, entonces lo supe, no había salido del infierno me había instalado ahí transformándome en una criatura vil, amorfa y mortífera que se arrastra y vuela a ratos, mata y asesina, siembra ríos y ríos de ese líquido magnifico y putrefacto que pocos conocen, pero que vive en el alma de todos… y todo eso en tan solo un fin de semana…

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La gente se levanta por una razón todas las mañanas; ¿es eso cierto?, ¿o la gente se levanta automáticamente?, ¿realmente cree, la gente, que existe un sentido para su vida? Por ejemplo, la madre dedicada a sus hijos, a su marido y a su hogar, se levantará porque, indudablemente hay gente que necesita de ella para que sus vidas tengan orden, limpieza, vigilancia y hasta esa sutil molestia del cariño ― o de lo que llamamos cariño cuando existe un ente entrometido en nuestra vida bajo la premisa irrefutable de querernos más que a su vida (cosa bastante soez, inverosímil y estúpida, pero increíblemente funcional hasta nuestros días). Ella, se levantará bajo ese supuesto creado para darse sentido, o ¿ella piensa que en realidad hace falta y que sin su existencia el mundo colapsaría?

Las personas que trabajan en alguna empresa sentirán la obligación y motivación de levantarse, son parte de ese ciclo vital. Trabajar-comer- generar dinero- ser útiles a la sociedad, ganar el pan con el sudor de su frente, etc. Producir – trabajar – bla, bla, bla…

Jamás había entendido el sentido de esas frases y lo peligroso que pueden ser… sólo un tipo de trabajo es útil y productivo…, es para morirse… pero tal vez… si mi poca lucidez lo permite, lo discutiré (¿???) en otro momento…

El jubilado… ¿tiene una razón para levantarse? Ya no es útil (socialmente hablando). Lo han premiado con un raquítico salario de por vida, y ha sido condenado a ser libre de las labores extenuantes del trabajo. ¿Podrá vivir planeando sus días para ir de pesca, de compras, visitar museos, escribir un libro, iniciar un negocio? ¿Para qué vive? El pueril e imberbe que piense: para su familia, sus hijos, su pareja, debería preguntarse si las personas, en realidad, viven para otras, si esa necesidad de tener hijos en serie es justo porque no podemos tener otro fin que el vivir como ratas reproduciéndose para que las ratas nuevas den fe de que en verdad existimos…

Yo no sé aún para qué me levanto cada día… bueno, hay días que no lo hago, pero entonces pienso, para qué me quedo en cama… en fin… Trabajo en un lugar donde las paredes están infectadas, cual peste, de anuncios increíble y estúpidamente “bonitos” y motivacionales: ensalzan la labor a la cual me dedico y proponen buscar una solución para cada conflicto o cada molestia, piedra en el camino o como prefieran nombrarlo… Impelen a buscar lo mejor de nosotros ― ¿Existe?―, plasman las ideas más incoherentes, como: no sólo buscar el plan b, si el abecedario tiene x número de letras; o que los educadores son las personas más valiosas… Mientras, en el mundo real, la educación se oferta cual gomita, pañuelo facial o lo que sea que pueda encontrarse en el metro… llévela, llévela, llévela… garantizamos, desde pequeños no molestarlo ni cuestionarlo por más idiota que sea o por más comportamientos absurdos que presente… prometemos no reprobarlo y, por supuesto, ser indulgente con él cuando esté en superior, porque… no es su culpa… pobre… Si jamás se le dijo que podía pensar por el mismo, ¿qué querían, que lo descubriera él solo?... 
Hay que ver lo que son los profesores hoy….

Hay quienes se levantan y dicen que ellos aportan, que comprenden, que tienen una razón de ser… tal vez a media jornada vean a su alrededor y sientan tanta empatía que quieran morir antes de generar un cambio…

Habrá quien luche diario y muera todas las noches de indigestión o de ataque a las vías respiratorias…

Yo, no sé aún por qué me levanto… odio esas frases, odio a las personas que piensan sin pensar, odio a la gente que habla sin sentido, odio a los seres que se escudan bajo la tutela de otros, me molestan aquellos que se asumen y se justifican como víctimas.

Tal vez ―seguramente― yo sea uno de esos seres, o todos juntos,… por eso me levanto, pero no quisiera hacerlo, me muevo, pero me destruyo por dentro y por fuera, no me soporto, soy la injuria, la mierda y el desperdicio de todo aquellos que aborrezco… y, sin embargo, me levanto todas las mañanas… o casi todas…