El Diablo en la Historia.
Todo es más tranquilo y apacible
en la oscuridad, hay tiempo para pensar mientras los ojos se acostumbran a ella
y caen en el juego interminable de adivinar figuras y siluetas en torno a
nosotros, en ocasiones podríamos sentir la
respiración de otra persona sobre el hombro, otras, una fría brisa acariciándonos y a veces, hasta que un cuerpo yace a nuestro lado. Es
entonces cuando la oscuridad se convierte en un tormento y pensamos qué cosa
podría esperarnos en ese fondo negruzco, ¿un fantasma, una bruja, un alma en
pena o, en casos más dramáticos, el
Diablo? Hablar de una visión diabólica que implique la mismísima
presencia de Satanás es algo terrible y perturbador, sin embargo, ¿por qué es
así?, ¿de dónde nacen esos temores?, ¿tenemos la certeza de que esos entes
comandados por el príncipe de las tinieblas están asechándonos constantemente?
¿Es acaso nuestra tendencia a la maldad la que los llama?
El ser humano siempre ha
intentado responder a un sinfín de preguntas y aunque las respuestas generalmente no sean las más
acertadas o adecuadas, sí son las más idóneas para el momento histórico social en el
que se está viviendo.
En occidente, con la dominación
del cristianismo, nuestra parte obscura, nuestros temores y nuestro mal
comportamiento se ve inmediatamente identificado con Satanás, quien al ser
expulsado del paraíso por revelarse contra Dios, según la cosmovisión
cristiana, no cesa de esperar y de aprovechar
las debilidades humanas para llenar el infierno con las almas descarriadas.
El Diablo entrará a escena con
mayor fuerza durante el Medievo, tendrá por cómplices, además de íncubos y
súcubos, a las brujas y una que otra alma deseosa del poder y ambición. Cuenta
de ello da la Inquisición, tribunal que trataba de proteger, cambiar y salvar,
por cualquier vía, a todos aquellos sometidos por el Maligno. En sus cruzadas,
torturaba a las brujas, por lo general jóvenes y muy bonitas, buscaba marcas en
sus cuerpos y las incitaba a confesar su relación de concubinato con el Señor
de las Tinieblas. La influencia del Diablo en esta época se ve traducida en el
arte gótico: catedrales altas con arco ojiva y adornadas con gárgolas de
piedra. En el Medioevo estaba implícito el castigo y la presencia del Diablo
hasta en el arte.
La literatura, antes y después
del Medioevo, también se ocupó de
relatar cómo el ser humano puede ser víctima del Diablo quien ofrece riquezas y
poder a cambio de almas. Al respecto
Giovanni Papini mencionará, en su polémico libro El Diablo, lo innecesario de esos pactos, ya que si el ser humano es pecador, como las
escrituras lo mencionan, caerá en falta por su propio pie sin el mayor esfuerzo
de seducción diabólica. Además, dirá Papini, es un poco risible la idea del Diablo
como esclavo de un mortal a cambio de una simple alma que de cualquier forma
tendrá.
Algunos ejemplos de esta
negociación diabólica están en Fausto,
de Goethe, quien cansado de la vida
busca invocar espíritus y llama, sin saberlo, a Mefistófeles que le ofrece
felicidad y prosperidad. Mefistófeles
firma, con sangre, un pacto en donde, si logra lo acordado se quedará con el
alma de Fausto para toda la eternidad. Un pacto tácito, sin sangre, pero con
muchos pecados capitales, se encuentra en Dorian
Gray de Oscar Wilde. Dorian cae en las garras del Diablo por la debilidad
hacia su propia belleza. Otro ejemplo, ahora en el séptimo arte es Oh brother,
where art thou? (Dónde estás hermano) dirigida por los hermanos Coen, en la obra se muestra, además de una interesante
adaptación de la Odisea de Homero, a
un guitarrista afroamericano que vende su alma al Diablo a cambio de prodigio
en la interpretación y ejecución de su instrumento; algunos mencionan, respecto
a este hecho, que los hermanos Coen
hacen alusión a un elemento del folklore sureño de Estados Unidos: la historia
del músico de blues Robert Johnson, personaje
que se ha convertido en un máximo ejemplo de esa clase de mito. También el
Diablo está presente, como tentador y sin que logre convencer, pese a sus
encantos de mujer, al fiel y tenaz
penitente, en Simón del Desierto de Luis Buñuel.
Se piensa que con la modernidad, la luz eléctrica, el internet, el
pensamiento crítico, el entretenimiento en masa, etc. el Diablo,
derrotado, ha abandonado ya el entorno
humano. Sin embargo, como hace mención Robert Muchembled en el
libro La Historia del Diablo, tal vez
sea aquí, en la moda, el pensamiento moderno y arcaico, la televisión, los
ritos, las congregaciones en donde el Diablo retome su mítica forma y continúe
con éxito su reinado sobre el género humano.
Cualquiera que sea nuestra concepción
del Diablo, encarna o se planta de acuerdo con el contexto histórico cultural
de la época vivida. ¿Existe el Diablo? No lo sé, pero puedo decir que existe el
hombre, creador del Diablo y de su antítesis.